Los vehículos eléctricos (EV) dependen cada vez más del frenado regenerativo (utilizar el motor para reducir la velocidad del automóvil y recuperar energía), pero los modelos de tracción trasera (RWD) pueden volverse inestables en superficies resbaladizas. Esto no es un defecto de la tecnología, sino un desafío basado en la física que los conductores deben comprender.
El problema: vehículos eléctricos de tracción trasera y frenado regenerativo
Muchos vehículos eléctricos básicos, incluidos los modelos de Tesla, Porsche, Hyundai, Volvo y Volkswagen, utilizan un solo motor que impulsa las ruedas traseras. Si bien es eficiente y rentable, esta configuración puede provocar deslizamientos en condiciones de hielo. Al soltar el acelerador se activa el frenado regenerativo, lo que reduce la velocidad del automóvil, pero si el agarre es limitado, esta desaceleración repentina del eje trasero puede abrumar a los neumáticos y provocar sobreviraje. El sistema de control de estabilidad del automóvil reacciona para corregir el deslizamiento, pero ya ha comenzado y la recuperación no siempre es fácil.
“Aunque los controles del vehículo reaccionan rápidamente, el deslizamiento ya está iniciado y el control de estabilidad sólo puede aprovechar al máximo la tracción disponible”.
Este efecto es similar a un breve toque del freno de mano; altera el equilibrio del coche. El problema se ve agravado por los neumáticos no diseñados para condiciones invernales. Las pruebas demostraron que incluso los vehículos eléctricos con neumáticos de banda de rodadura completa pueden experimentar deslizamientos inquietantes sobre el hielo deslumbrante. Los vehículos eléctricos con tracción total (AWD), que aplican frenado regenerativo a ambos ejes simultáneamente, son menos propensos a este desequilibrio repentino.
¿Por qué sucede esto ahora?
El aumento de los vehículos eléctricos con tracción trasera coincide con el aumento del clima invernal en regiones tradicionalmente templadas. Nevadas inesperadas y condiciones de hielo han tomado por sorpresa a más conductores. La popularidad de la “conducción con un solo pedal” (confiar únicamente en el acelerador para controlar la velocidad) agrava aún más el problema, ya que es posible que los conductores no anticipen la desaceleración repentina del frenado regenerativo.
La solución: desactivar el frenado regenerativo
Los fabricantes de automóviles ya reconocen este problema, y los manuales de Tesla, Lucid y Volvo recomiendan ajustes de frenado regenerativo más bajos en nieve. La solución simple es deshabilitar el frenado regenerativo por completo o reducirlo a su configuración más baja antes de conducir por carreteras resbaladizas. Cuando se probó, desactivar la regeneración eliminó el efecto desestabilizador.
Esto no es un defecto fundamental de los vehículos eléctricos, sino una peculiaridad de la física que requiere conciencia y ajuste. Los conductores deben comprender cómo se comporta su vehículo en condiciones invernales y tomar las precauciones adecuadas.
En última instancia, los vehículos eléctricos se están volviendo más seguros y eficientes, pero los conductores deben adaptarse a su dinámica única, especialmente en condiciones climáticas adversas.
